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jueves, 30 de mayo de 2019

Pedro Livio Cedeño nunca delató a los que mataron a Trujillo

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Santo Domingo, RD
A 58 años de la muerte del tirano Rafael Leónidas Trujillo, el reconocido neurocirujano dominicano, José Joaquín Puello, aún guarda fresco en su memoria el impactante episodio que vivió cuando le tocó recibir herido a uno de sus ajusticiadores, Pedro Livio Cedeño, y ser testigo presencial de su valentía, quien pese a las torturas que recibió tras salir del quirófano, asegura que no delató a sus compañeros.
Con menos de 20 años de edad y estudiante de quinto a sexto año de medicina, Puello recuerda y narra los hechos como si hubiesen ocurrido ayer, y asegura que pese a su larga vida de ejercicio profesional y haber participado en la atención médica de las más reconocidas figuras del país, ningún hecho le ha impactado tanto como ese.
Fue testigo de piedra de las torturas que recibió la esposa Olga Despradel, con ocho meses de embarazo, y el propio paciente aún con las suturas frescas de la cirugía y el mareo de la anestesia
Los hechos, contados y recreados 58 años después por el doctor Puello ocurrieron así. Cuenta que siendo él médico practicante en la Clínica Internacional, que acogía a los más reconocidos especialistas de la época, alrededor de las 9:40 de la noche, los doctores Marcelino Vélez Santana, Bienvenido García y el anestesiólogo Durán Barreras, llegaron al centro.
 Pedro Livio, relata el médico, fue introducido en la clínica, en el lobby a mano derecha había un sofá y allí él se sienta. “Yo estaba de guardia esa noche y el primero que va a verlo y lo interroga soy yo, pensé que era un herido simple, pero en ese momento el doctor Marcelino Vélez nos dice la palabra que nos conmocionó a todos “acabamos de matar a Trujillo” en ese contexto imagínese lo que eso significaba para este país”.
Las heridas
Explica que Pedro Livio llegó consciente con una herida en el antebrazo izquierdo producida por un proyectil de alto calibre y una segunda herida en el sexto espacio intercostal izquierdo a la altura del corazón, que pensó en ese momento que era mortal, pero cuando lo puso de lado, vio que la bala había salido por la región lumbar izquierda a la altura del riñón.
Al preguntarle como ocurrió, el herido le cuenta que en el tiroteo él iba en posición de ataque semiflexionado cuando sintió el primer impacto en el pecho y el segundo en el brazo y cayó al suelo. “Lo curamos, lo subimos de inmediato a cirugía y llamamos al doctor Arturo Damirón Ricart, quien lo operó”.
 “Yo participé en la cirugía y le encontramos una perforación del riñón, tres perforaciones en el colon izquierdo y 12 perforaciones en el intestino delgado”, detalla Puello.
 Dice que pasada la medianoche, como hora y media después de salir del quirófano, llegó a la clínica el grueso del Servicio de Inteligencia, que rodearon la clínica con soldados. Ya el paciente empezaba a despertar de la anestesia y el interrogatorio comenzó en la primera habitación de la segunda planta de la clínica, dirigido por Johnny Abbes García. Comenzó el primer interrogatorio, al estar bajo los efectos de la anestesia no habló nada, por lo que esperaron alrededor de media hora más para seguir con los cuestionamientos.
Tortura  horripilante
Recuerda que la tortura fue horripilante porque lo golpeaban con la culata de una ametralladora corta en la herida que habíamos operado en el abdomen, y él estaba sin morfina, así que el dolor debió haber sido horrible.
“Me quiero detener aquí, porque ha habido muchas versiones de que Pedro Livio delató a sus compañeros, y lo quiero decir de manera categórica, Pedro Livio Cedeño no delató a sus compañeros en ningún momento, más aun, después que dijo la frase que marcó hasta a sus propios torturadores, no volvió hablar más, ni a nosotros siquiera, por los cinco días que estuvo en la clínica”.
Agrega que desde ese día los médicos le preguntaban cosas para que les narrara esa noche, “nos decía cosas cortitas, nos dijo por ejemplo que después que Trujillo estaba muerto ellos abren el baúl del carro y lo agarran entre cuatro y dicen uno, dos y tres y lo lanzan al baúl. Después de esa noche no lo volvieron a torturar”. “Hago énfasis en esto, porque hay muchas versiones de que él delató a sus compañeros, y eso no es verdad, si yo hoy después de décadas de un episodio tan importante como ese no lo narro como es, estaría faltando no sólo a mi conciencia sino a la verdad histórica”, recalca.

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